Antonio e Isabel tienen dos hijos de 7 y 8 años.
*MOMENTOS KOALA*
Ahora que se aproxima el estrés de final de curso, se valoran más que nunca los momentos de paz, como cuando, en vez de pelearte con tu hijo para arrancarlo de la cama, te metes con él cinco minutillos. Es un regalo que no tiene precio. Yo los llamo momentos koala, en los que cargas las pilas para el resto del día, que suelen ser más bien momentos erizo. Los atesoras sabiendo que cada vez van a quedar menos, que cada vez va a ser más hombre y menos bebé.
Con Dios pasa un poco lo mismo. Se va, asciende a los cielos. Pero para quedarse más cerca. Echa de menos estar con nosotros, tanto o más que nosotros añoramos el olor a bebé de nuestros hijos. Y nosotros podemos hacerle un sitio en nuestra casa. Se va, pero va a vivir de una forma nueva en ti. A partir de ahora, recuerda que los momentos koala no son de dos, sino de tres: en el abrazo que das a tu hijo estás abrazando a Dios.
*Hoy el desafío en familia* es preparar un hogar para Jesús. Dedica un tiempo sólo para Él. Déjate abrazar por Él en la oración. Y cárgate de su Amor, de su Espíritu, para hacer de tu familia su hogar preferido.
Sara y Santi tienen 5 hijos de 11, 9, 7, 3 años y 8 meses.
*AÚN NO HA SUBIDO AL PADRE, APROVÉCHATE.*
El día a día con los niños tiene su aquel, ¿verdad? Qué importante es verle el lado positivo a lo que vivimos, pues una misma acción puede ser un rollo o algo que nos llene. Esto pensaba hoy al sentarme a escribir: esos momentos intensos en los que se agolpan los niños para contarte cosas, sobre todo las noticias y los logros. Parece que no llega nunca su turno, que si esperan se les va a olvidar.
Por supuesto, muchas veces deriva en gritos para ver quién habla primero, en que uno se enrolla todo lo que puede para no perder su turno, en que otro interrumpe porque es incapaz de esperar, en que otra desiste porque cree que nunca le va a tocar hablar…
Ahí los padres normalmente moderan y tratan de enseñar a respetar turnos de intervención, respeto por el tiempo de los demás, caridad al interesarnos por lo que le pasa al otro… Todo muy bonito, o insoportable, según la perspectiva: podemos estar muy saturados y pensar qué rollo de niños y de follón, o alegrarnos de que quieran compartir con nosotros sus vivencias e ilusiones. ¿No es, en el fondo, lo que más nos gustaría que hicieran incluso de mayores?
*Hoy el desafío en familia* es ser como un niño con el Señor. Contarle tus logros, tus noticias, tus anhelos… ¡tu vida! Con la misma ansia de los niños, que no pueden esperar turno. Él aún no ha subido al Padre, está aquí con nosotros, resucitado y presente. Es casi más fácil tenerLe presente entre nosotros, ¿no? Acudamos a Él con cada noticia, para compartirla y disfrutarla juntos.
Pascual y Esther tienen una hija de 3 años
*Me queda poco de estar con vosotros*
¿A quien no le cuesta la despedida de los seres queridos? Justo nuestra hija está viviendo sus primeras despedidas. Su Seño, la primera y más querida, acaba sus días de clase y viene Seño nueva. No deja de preguntar ¿Cómo se llama mi nueva Seño? y ¿Cuándo tenga pipi me ayudará como la otra Seño? Y ¿cuándo...? Y ¿cuándo...? Un sin fin de preguntas, que ni yo misma sabría responderle. Seguro que son cosas que todas las Seños hacen, y algunas que no son obligatorias las harán por cariño y vocación.
Hoy viene fuerte el Evangelio nos advierte la despedida y el más grande de los mandamientos: Amaos como yo lo hice. Me imagino en esos momentos a los discípulos, cuando escuchan a Jesús que están a punto de despedirse definitivamente....y me viene la imagen de nuestra pequeña, con un reto por delante, sin saber cómo será, qué ocurrirá. Sabiendo que habrá cosas que serán parecidas y otras muy diferentes, y sobretodo que no será lo mismo que su primera Seño. Parece que me siento discípulo, ante la incertidumbre tras la despedida, pero con la seguridad y alegría de que el Amor de Dios sigue intacto, fuerte. Además de la paz que me produce hoy saber que lo tendremos palpable en sus Sacerdotes, los que como su nueva Seño, nos cuidan, acompañan y enseñan cómo acercarnos cada día más a Dios.
*Hoy el desafío en familia* es ver los cambios que vienen por delante con alegría, despedirnos de lo antiguo, acoger la novedad y sentir como nos fortalece su Amor que no nos deja ni un minuto. Nuestro desafío también es acordarnos de aquellos sacerdotes más cercanos o que más nos necesitan y hacer una oración en familia por todos ellos.
María y Álvaro tienen dos hijos de tres meses y tres años.
*DIOS QUIERE NUESTRO BIEN*
Ahora mismo está mi hija contando "cuentos de Jesús" y dice:
- Dios le dice a Jesús, "cuidado con el Rey malo, que te empuja y te pega y te muerde".
Es una interpretación curiosa pero en la que bajan a su vida y a sus miedos la idea de Dios cuidando de Jesús.
Qué fácil es entender para un niño que Dios quiere el bien de Jesús y por extensión el nuestro. Pero a veces se nos olvida del todo a nosotros y ponemos en duda que lo que Dios nos ofrece sea lo mejor para nuestra vida, sea lo que nos va a hacer felices. Tantas situaciones nos sobrevienen y nosotros no somos capaces de ver que el Señor nos busca en cada una de ellas, detrás del imprevisto, del dolor e incluso del pecado.
El Evangelio de hoy nos invita a volver a mirarle y reconocer al Buen Pastor que da la vida por las ovejas, como en el vídeo que a nuestra hija le encanta, del pastor que tiene un rebaño (de la parábola de las 100 ovejas) y con el que se emociona cada vez que el pastor rescata a la oveja y se alegra porque "es muy bueno".
*Hoy el desafío en familia* es reconocer que el Buen Pastor nos llama junto a Él en este momento por el que estamos pasando. Para compartir con Él nuestra alegría o nuestro dolor. Y para pedirle, con la confianza de que es nuestro Padre, que no nos deje alejarnos de su lado.
María y Miguel tienen un hijo de 12 años
*HE PERDIDO A PAPÁ*
Día de fiesta. Salida en bici padre-hijo. Mucha ilusión y expectativa. A la hora aproximada de la vuelta llaman al telefonillo. Mi hijo está nervioso, a punto de echarse a llorar. Ha perdido a su padre tras una curva. Después de un rato buscándolo, mi marido también llega. La policía le ha dicho que, como vivimos cerca, el niño seguramente ha vuelto a casa. Un poco de tensión, alguna lágrima y por fin un abrazo. Gracias a Dios, solo ha sido un susto.
Ante la desorientación y la duda, mi hijo volvió a casa. Tomó una decisión inteligente, a pesar de que su padre se llevó un buen susto. Volver a casa es una buena decisión en los momentos de incertidumbre.
*Hoy,*que celebramos el día de la madre, *el desafío en familia* es doble: volver a casa con tu madre del Cielo y con tu madre de la tierra. La madre es siempre el camino seguro por el que regresar.
Acércate a una iglesia o a un santuario (o busca una imagen) y acude en busca de paz y consuelo a la Santísima Virgen. No importa si hace mucho tiempo que no lo haces, tampoco importa si no lo has hecho nunca. Ella te espera como Jesús esperaba a los apóstoles que estaban cansados y asustados a la orilla del lago. Vuelve a casa y dile que la amas y la necesitas, decirlo sanará tus heridas como sanó las de Pedro.
Pero no te olvides de tu madre de la tierra. Si tienes la suerte de tenerla todavía, te invito a tener un detalle con ella: ve a verla o llámala. Expresarle tu cariño os hace bien a ambos. Si ya no la tienes contigo, no te olvides de rezar por ella y tenerla muy presente. Ella te cuida todavía, porque la labor de una madre no acaba nunca. ¡Feliz domingo de Pascua! ¡Feliz domingo del mes de María!
Guillermo y Pilar tienen 5 hijos de 21, 20, 15, 13 y 5
*CADA UNO DE SU PADRE Y DE SU MADRE*
Las ocurrencias de mi hijo pequeño dan para muchos retos. El otro día nos preguntó, mientras comíamos, si todos sus hermanos, al igual que él, habían salido de mi barriguita. Yo le dije que sí, por supuesto que todos habían salido de mi barriguita, que todos venían de mamá con la semillita de papá, por eso eran hermanos. Entonces todo convencido exclamó: ¡Pero si Juan antes tenía otra mamá y otro papá! Todos nos quedamos perplejos y nos empezamos a reír ¿De donde se habría sacado eso? ¿Piensa que su hermano mayor es adoptado? El caso es que no nos supo decir cómo había llegado a esa conclusión, y rápidamente le explicamos que no, que Juan sólo había tenido una mamá y un papá y que éramos Guillermo y yo.
Después le he dado vueltas a cómo es que pensaba semejante cosa de su hermano. Me imagino que como lo ve tan mayor y tan grande, casi como otro padre, y además tan diferente a él, pues ha deducido que Guillermo y yo no podemos ser sus padres primeros. Y es que, si me paro a pensar todos nuestros hijos, son muy diferentes. Como solemos decir: “Cada uno de su padre y de su madre”. El mayor es tranquilo y reflexivo, otra superresponsable y organizada, una soñadora y desordenada, la otra muy despistada y sensible… El peque nos ha salido extrovertido, nervioso y picaruelo, demasiado impulsivo... pero ¡¡todos hijos de los mismos padres!! Y a todos los queremos inmensamente...
Igual que en la Iglesia cada uno es diferente, pero todos somos hijos de un mismo Padre. A veces nos cuestan algunas personas porque no son como nosotros, o tal o cual comunidad cristiana que hace las cosas de distinta manera, sin pararnos a pensar que todos somos hermanos, y que el Señor nos quiere a todos con nuestras peculiaridades. Como dice hoy en los Hechos: *“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles… lo tenían todo en común… A diario acudían al templo todos unidos, celebrando la fracción de pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría”*. Esto lo tenían muy claro después de la muerte y resurrección de Jesús: todos se quedaron unidos, ayudándose, protegiéndose y arropándose hasta que Jesús con su Espíritu les dio el aliento necesario para salir a comunicárselo al mundo. Tenían miedo, pero cuando llegó el Señor sintieron alegría y protección.
*Hoy el desafío en familia* es sentirnos hermanos, tanto en nuestra familia, como en la Iglesia. Transmitir a nuestros hijos ese ser hijos de un mismo Padre. Transmitirles esa protección que tienen que sentir también de Dios. Para sentirse hermanos necesitan ver que estamos ahí para todo y que no los dejamos solos. Eso les da seguridad y les ayuda a crecer unidos como si fueran uno. Pedirle al Señor, también como padres, que nos ayude a ser como es Él para nuestros hijos.
Antonio e Isabel tienen dos hijos de 7 y 8 años.
*SOLOS EN EL CENÁCULO*
Esta es la noche de las promesas cumplidas. Aunque también es la noche del miedo y la desesperanza. Sin ella, las palabras de Jesús quedan sin sentido. “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo…” pero “El que pierda su vida por mí la encontrará…” Tras la muerte de Jesús, aquí encerrados en el cenáculo por miedo a las autoridades, puede parecer que el que pierde su vida… pierde su vida y ya está.
A veces mi corazón está así: asustado, lamiéndose las heridas. Solo. De boquilla, somos como Pedro. Prometemos ser fieles en las buenas y en las malas, pero llegan las malas y salimos corriendo. Esperábamos un martirio glorioso, y cuando llega en “formato familiar” (pañales, taca taca, malentendidos, enfermedades, apreturas, o simplemente: rutina) salimos corriendo. Tratamos de salvar nuestra vida y es cuando nos hundimos, porque sin fe y esperanza el amor se apaga rápidamente. Y te quedas como Pedro. Ha pasado Jesús con la cruz y le has dado la espalda.
Pero no todo se queda en la muerte. Jesús, que murió por ti, va a resucitar también por ti. Murió diciendo: “Perdónales porque no saben lo que hacen”. Y regresa para soplar el Espíritu sobre nosotros, para darnos el perdón de los pecados. Pero corremos el riesgo de negarnos a acogerlo.
Por eso, *hoy el desafío en familia* es ponerte las gafas de Pascua. No estamos solos. Jesús te sale al encuentro, te acompaña en el camino, quiere quedarse con tu familia al atardecer, partir contigo el pan, compartir tus historias, darle sentido a tus cruces. Déjate contagiar de la alegría del Resucitado, y lleva esa Buena Noticia a los demás.