Pilar y Guillermo tienen 5 hijos de 20, 19, 14, 11 y 4 años.
*ECHANDO CURRICULUMS*
Llevamos casi tres semanas echando curriculums. Tanto a Guillermo como a mí nos ha entrado la fiebre "buscatrabajo". Un despido fulminante e improcedente es el culpable de tal curiosa enfermedad. Me recuerda a años ya pasados... El tiempo pasa volando.
La diferencia es que ahora tenemos 5 hijos que dependen de nosotros, ¡vaya...!
Pero, curiosamente, entre los nervios de los papeles del paro y las gestiones para la indemnización, estamos encontrando una presencia muy fuerte del Señor, que nos alienta a no decaer. Está siendo un tiempo de dejarse sostener por Él. De reconocernos pequeños y dependientes... Nos está ayudando a darnos cuenta de que no hay nada seguro, todo nos puede fallar, incluso las personas que más queremos. Lo único seguro es su Amor.
También este tiempo está siendo precioso porque estamos experimentado el apoyo de nuestros hijos, que enseguida nos dicen: "No, mamá, no hace falta que me compres eso, que ahora estamos mal de dinero"... O los mayores nos ofrecen colaborar con su sueldillo de fines de semana... y ¡¡Guille y yo estamos pasando mucho tiempo juntos!! Todo el que nos había robado su empresa de jornada-completa-y-ampliada, es decir, de 9 a 9. Se me viene a la mente la cita de San Pablo: "Todo ocurre para bien de los que le aman" (Rom 8)
Por eso *hoy el desafío en familia* es saberse cuidado por la Providencia. Valorando todo lo que tenemos, también la familia y el trabajo que se nos ha regalado. Todo es don de Dios y a veces nos lo apropiamos, como si fuera nuestro.
María y Álvaro tienen una niña de dos años.
*TIEMPO EN FAMILIA*
Hoy he ido con mi marido a tomar un café y a hablar de nosotros, de nuestros proyectos académicos y laborales, de lo que estamos viviendo... Está siendo una temporada difícil y nos es complicado encontrar tiempos para nosotros, para hablar y estar juntos, y por eso era importante sacar este rato hoy.
Ahora que llega Pentecostés, y yo me he identificado siempre con Tomás, el de si no lo veo no lo creo, el que se perdió el domingo de Resurrección, me pregunto qué habría sido de él si el día que estaba fuera de la comunidad hubiera sido este. Qué duda cabe que los discípulos pasaban por momentos muy complicados, pero seguían reuniéndose en casas, alrededor de la mesa. Pues es en la comunidad, en casa, en la familia donde, entre alegrías y dolores, se nos entrega el Espíritu, se nos renueva el sacramento.
Y es por eso, que en medio de estos meses de fin de curso, de exámenes, de organizar el verano... hay que volver a casa, hay que volver a la comunidad y compartir la vida. Porque el Señor quiere tener su Pentecostés en nuestra familia, quiere entrar con todos reunidos, con nuestras rencillas, nuestros corazones con heridas... ponerse en medio, sanarlos con su Amor y darnos su paz.
*Por eso hoy el desafío en familia* es rescatar la comunidad que hay bajo esa capa de "oficina de expedición de comidas y cenas", o de pañales y paseos, o como dice esa frase de madre, de esta POSADA, y sentarnos en familia pidiendo al Señor que Él nos envíe el Espíritu Santo.
Sara y Santi tienen 4 hijos de 10, 8, 6 y 2 años.
*¿INSIGNIFICANTE PARA QUIÉN?*
Cuando tengo problemas con mis hijos y me planteo pedirle algo a la Virgen (de madre a Madre), tiendo a sentirme poco merecedora de su atención, o poca cosa para pedirle algo.
Este domingo es la Virgen de Fátima. Hace ya 101 años que se apareció a los tres pastorcillos. En este momento, acordándome de los pastorcillos de Fátima, pienso: ¿Acaso eran ellos celebridades,eruditos o personas sobresalientes? La respuesta es NO. Eran niños sencillos, con poca formación… almas, al fin y al cabo, como tú y como yo.
Tengo la manía de recurrir a ese pensamiento de "no ser merecedora", insisto, y realmente creo que es un error. Pierdo de vista que Jesús nos la entregó como madre a todos los cristianos, a través de Juan, con ese "Madre, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre". Como tal deberíamos tratarla, ¿no?
*Hoy el desafío en familia* es llevarle a María nuestras flores y nuestros fangos. Es decir, lo bueno y lo malo. Ofrecérselo todo,compartirlo con ella sabiendo que es Madre comprensiva y amorosa que nos acoge en su seno tal cual somos, y así nos quiere.
Antonio e Isabel tienen dos hijos de 6 y 7 años.
*EL MEJOR REGALO PARA UNA MADRE*
Según se acercaba esta celebración tan especial del día de la madre, pensaba que llevo ya diez años sin hacer ningún regalo a la mía, pues ya hace ese tiempo que no está entre nosotros.
Y mientras me exprimía el cerebro para sorprender a mi mujer, me preguntaba: *¿qué le haría ilusión a mi madre?*
Hay algo que, como toda madre, siempre nos decía: que si la queríamos a ella de verdad, nos quisiéramos entre los hermanos; ese era el mejor regalo para ella.
Vaya sorpresa al leer el Evangelio y descubrir que, de algún modo, se parece a lo que nos dice Jesús en la Última Cena.
“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”.
En mi vida, después de mi mujer, si hay un amor que yo pueda identificar con el de Cristo… es el de mi madre. Con todos sus defectos, con la carga de egoísmo que todos llevamos, su vida, su pensamiento y su oración éramos nosotros.
Cuando ya estaba malita, mi madre nos cogía uno a uno a los hermanos y nos interpelaba: “¿Me quieres? ¿Eres feliz? ¿Vas a ser buena persona?” Y en mi caso, que estaba a punto de casarme: “¿Vas a ser un buen marido? Mira que voy a rezar siempre por ti…”
Lo mismo te pregunta Jesús, como a Pedro: “¿Me amas?”. Y añade: “Apacienta mis corderos”. Cómo si dijera: si me amas, ama la familia que te he dado. Ama como yo te amo.
Por eso, *hoy el desafío en familia* es enmadrarnos. Tomar conciencia de la tremenda vocación que Dios nos ha dado: hemos sido creados por amor y para amar.
Si eres madre, estás llamada a algo muy grande. Dios te quiere tanto que te da el regalo de amar como Él ama. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.
Eres madre. Has dado vida, y Dios quiere que sigas dándola. No sólo damos la vida física a nuestros hijos, les damos la vida del cielo, que es mucho más. Les enseñamos a amar, a entregarse por los demás, a encontrar a su vez su propia vocación.
Eres madre. Eres el rostro del amor de Dios para tus hijos. El amor que ama primero, incondicionalmente, con alegría, sin cansarse, sin llevar cuentas del mal.
Y los que no somos madres también estamos llamados a compartir parte de esa fecundidad, de ese amor como el de Cristo, como el de María, la Madre del Amor Hermoso.
Pero amar con el amor de Cristo no es una cuestión de esforzarse más, sino de pegarse más a Él, estar más enmadrados de Él. Pídele que te llene de su Espíritu, que te encienda con su fuego de amor. Dile muchas veces, como su Madre, “Hágase en mí según tu palabra”. Pídeselo a Ella, que, como buena madre, siempre se sale con la suya.
María y Miguel tienen un hijo de 11 años.
*BESOS SIN VASELINA*
Tenemos una alarma en el móvil para no llegar tarde. Cada mañana se repite la misma escena: suena la alarma y salimos de casa a toda prisa; el primero que sale llama al ascensor y todos subimos comprobando que llevamos los libros, el móvil, las llaves, la media mañana... Al llegar al cero, mi marido sigue hasta el garaje y el niño y yo, después de darle un beso, salimos a la calle. Los dos necesitamos usar vaselina a diario para que no se nos corten los labios, pero a mi marido no le gusta que le demos un beso con restos pringosos, por eso esperamos a despedirnos de él para usarla. Tenemos, por así decirlo, nuestra rutina de salida.
La mayoría de nosotros tiene rutinas diarias (no escritas) para muchos momentos del día: los deberes de los niños, la hora de la ducha, el cuento de la noche... son formas de organizarse para no dejar nada en el tintero.
¿Y qué pasa con Dios? ¿Tenemos momentos fijos en los que nos dirigimos a Él? Porque si dejamos algo tan importante en manos de la improvisación corremos el riesgo de olvidarnos. "Sin mí no podéis hacer nada", dice el Evangelio de hoy. Necesitamos estar unidos a su amor para vivir con alegría y transmitir a los demás la gozosa esperanza de su Resurrección, pero ¿cómo vamos a estar unidos a la Vid si apenas recordamos que existe?
Esta semana *el desafío en familia* es crear rutinas para elevar tu corazón a Dios. Todos necesitamos establecer un mínimo para no pasar nunca el día sin dirigirnos a Él. Te doy algunas ideas: saludarlo al pasar por esa iglesia camino del trabajo, rezar el Ángelus o el Reina del Cielo, bendecir la mesa, leer unos minutos los Evangelios, un avemaría antes de acostarte... lo que quieras. Te propongo que elijas tres instantes de encuentro con tu Padre Dios a lo largo del día. Te estará esperando. ¡Feliz domingo!
María y Álvaro tienen una niña de dos años.
*¿QUIÉN ODIA A LAS MONJITAS?*
Esta pregunta me la hizo la hija de unos amigos cuando, en un convento de religiosas, escuchó a todas las monjas cantar en el Benedictus: "Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian". Fue entonces cuando se giró hacia mí sorprendida y me preguntó entre susurros: "¿Quién odia a las monjitas?".
Buena pregunta.
Y entre susurros también, le contesté que a veces no son odios muy muy fuertes como los de una guerra, pero muchas veces tenemos pequeños gestos con los que tenemos al lado con los que les hacemos daño o no buscamos su bien, como cuando discutimos o pegamos a nuestro hermano o le quitamos la goma de borrar a nuestra compañera…
Concluí diciéndole que las monjas también tienen esas cosas entre ellas y a lo mejor una mira para otro lado para no tener que fregar, o discuten entre ellas por alguna cosa.
Al margen de que espero que ninguna de las religiosas me escuchase, esta pregunta me hizo plantearme cuáles son esos pequeños odios que tenemos en nuestra familia y que se cuelan haciendo más difícil querernos.
En efecto, solos no podemos. Necesitamos a Jesús, Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, salvación que nos libra de esos enemigos, que nos llama, hoy más que nunca, a escuchar su voz de Pastor y volver al rebaño, a nuestra familia.
Por eso,*hoy el desafío en familia* es identificar y desterrar alguno de estos odios, alguna de estas heridas o de estos malos hábitos que son como piedras para el desarrollo de nuestra familia. Con ayuda del Señor, cada vez estaremos más unidos, a pesar de nuestros defectos.
Pilar y Guillermo tienen 5 hijos de 20, 19, 14, 11 y 4 años.
*COMO LAS BUENAS CROQUETAS*
Hace poquito, dos esposos con poco tiempo de casados nos contaban, abriendo sus corazones, algunos problemillas que estaban teniendo. Él se quejaba de que las cosas no estaban siendo, en algunos aspectos, como él esperaba que debían ser en el matrimonio: tenía muy claro que “esto” debía ser así, y “esto” asá, que ella debía reaccionar de tal forma en estas ocasiones y de tal otra en estas otras… pero eso no ocurría como a él le hubiera gustado. Vaya, que tenía muy claro cómo debía ser el “matrimonio perfecto”, pero las cosas no salían bien…
Me recordó un montón a mí de recién casada. Tenía las cosas “clarísimas” y quería imponerlas, exigiendo a Guillermo, muchas veces, una perfección difícil de alcanzar, hasta el punto de que ambos nos desesperábamos. Intenté tranquilizarles: las cosas tampoco les estaban yendo tan mal, simplemente él estaba impaciente por que saliera ya todo bien, pero eso no se consigue de la noche a la mañana, igual que Dios nos va trabajando poco a poco a cada uno. El matrimonio es igual: si nos dejamos, Dios lo va trabajando despacito. Solo tenemos que tener paciencia, la misma que tiene Él con nosotros. Guillermo y yo ahora seguimos fallando, seguimos teniendo los mismos defectos, pero estamos aprendiendo a aceptarlos y a vivir con ellos con tranquilidad.
Es como la buena cocina, que suele necesitar *paciencia y trabajo.* En casa, por ejemplo, a Guillermo le encanta cómo me salen las croquetas, pero para que me salgan así necesito estar mucho tiempo haciendo la bechamel. Dejo que vaya cociendo despacito la leche con la harina y, según se va consumiendo, voy añadiendo más leche y doy vueltas y vueltas con paciencia y con cariño. Puedo tardar hasta tres horas o más si quiero que salgan suaves y cremosas, suelo ocupar toda la mañana. Estoy segura de que, si le echara menos tiempo, tendría el mismo número de croquetas, pero mucho menos ricas, como yo digo: puro “engrudo”, que cuesta tragárselas...
*Así es como Dios trabaja en nosotros,* en nuestro matrimonio y en nuestra familia. A veces nos sabemos a la perfección la teoría, hemos ido a muchos cursos, sabemos los fundamentos. O tenemos una idea de cómo deben ser las cosas, pero nos damos cuenta de que no llegamos, que no es tan fácil. Y perdemos la paciencia. Entonces es cuestión de dejarlo en manos de Dios, dejar que Él lo haga.
*Hoy el desafío en familia* es pedirle al Señor que nos dé paciencia y humildad con nuestro matrimonio y nuestra familia, que nos ayude a no desesperar también con nuestros hijos. Que nos dé fe para aceptarlos con sus defectos igual que Él nos acepta con toda nuestra miseria. El tiempo, el amor y la paciencia irá haciendo a nuestra familia como a las buenas croquetas.